"PEDAGOGÍA DE LA MIRADA"
Mirar no es un gesto inocente.
Mirar es elegir, recortar, priorizar.
Y en una ciudad llena de cuerpos, estímulos y direcciones, la mirada necesita aprender a detenerse.
Hoy en día nadie parece mirar a nadie. Cada uno avanza en su propia trayectoria, envuelto en su prisa, en su peso, en su historia. Son presencias que se rozan sin tocarse, que conviven sin encontrarse. Nos enfrentamos a una paradoja moderna: estar rodeados y, aun así, estar solos.
"Pedagogía de la mirada" nos entrena a mirar como se mira hoy: de manera parcial, rápida, incompleta, pero al mismo tiempo, en esa incompletud aparece una enseñanza:
Ver bien no es verlo todo, sino comprender lo que se nos escapa.
“Pedagogía de la mirada” no trata solo de lo que observamos: trata de cómo miramos, de lo que ignoramos, de lo que pasamos por alto, de las personas que se vuelven fondo, ruido, anónimos.
Este cuadro educa nuestra mirada no dándonos respuestas, sino obligándonos a hacernos una pregunta esencial:
¿En qué momento dejamos de ver al otro como alguien y empezamos a verlo como parte del paisaje?

La música
Pinto en silencio, rara vez suena música en el estudio, pero cuando el cuadro está terminado, entonces sí, suena su canción:
Certificado de autenticidad

El proceso
Las líneas de los pasos de cebra o la presencia de la multitud se convierten en herramientas compositivas fundamentales. A través de ellas defino contrastes y geometrías que no lo muestran todo, sino que sugieren, dejando espacio para que el espectador complete la información y participe activamente en la obra.
Cada pintura supone un reto, ya que desconozco cuál será el resultado final cuando empiezo. Mi proceso creativo puede dividirse en cuatro etapas:
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Selección de la imagen y el encuadre. Parto de fotografías propias, realizadas generalmente durante viajes, que me sirven como punto de partida.
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Dibujo de los personajes. En esta fase construyo la escena y su estructura interna.
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Decisión del personaje inicial. Esta elección, quizá la más importante, condiciona todo el desarrollo posterior de la obra.
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Saber detenerse. El último paso consiste en encontrar el equilibrio: dejar de visibilizar a los personajes y permitir que la obra respire.
En la mayoría de mis cuadros elimino deliberadamente los personajes no pintados, generando vacíos que invitan al espectador a imaginar y completar la escena según su propia mirada.
Solo espero que quien contemple estas obras pueda disfrutarlas tanto como yo he disfrutado creándolas.


